Pérdidas y daños, el rostro humano del cambio climático
Es común escuchar que la mitigación al cambio climático requiere de compromisos globales mientras que la adaptación son ajustes y respuestas locales. Existe la creencia de que los gases con efecto invernadero son fáciles de medir y la adaptación difícil de cuantificar. Se presume que es más factible establecer metas de mitigación valoradas en toneladas de dióxido de carbono, que hacer de la adaptación algo medible, verificable y reportable.
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Contexto

Es común escuchar que la mitigación al cambio climático requiere de compromisos globales mientras que la adaptación son ajustes y respuestas locales. Existe la creencia de que los gases con efecto invernadero son fáciles de medir y la adaptación difícil de cuantificar. Se presume que es más factible establecer metas de mitigación valoradas en toneladas de dióxido de carbono, que hacer de la adaptación algo medible, verificable y reportable. No ha sido sencillo crear las capacidades en los países para demostrar la efectividad de sus medidas de adaptación, pero tampoco ha sido fácil cuantificar el éxito en la reducción de gases contaminantes. Según el último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, ya es demasiado tarde y la ventana de oportunidad se ha cerrado. Ciertamente, es posible adaptarnos sin mitigar, pero no es posible reducir emisiones sin adaptarnos. Ante el aumento de las pérdidas y daños asociados al clima, la adaptación es una prioridad que requiere de una planificación local estratégica en tres pasos.

Paso 1: Lentes climáticos

De forma temprana, Costa Rica se puso los lentes climáticos y tomó decisiones basadas en la mejor ciencia disponible. Como laboratorio de buenas prácticas ambientales, en la década de los años sesenta, Costa Rica construyó sus primeras centrales hidroeléctricas, y aunque no le llamaran acciones de mitigación nacionalmente apropiadas, eran medidas para reducir gases con efecto invernadero. Posteriormente, en la década de los setenta, con la finalidad de conservar el recurso hídrico con el que se producía energía limpia, se establecieron los primeros Parques Nacionales como medidas tempranas de adaptación, aunque no le llamaran así. Los lentes climáticos son una metáfora que los elementos físicos como los lagos, mares y ríos dejan de tener sólo un potencial de hacer daño para mirarse, como una infraestructura que brinda servicios ecosistémicos vitales para una sociedad. Colocarse los lentes climáticos, implica ordenar el territorio a partir de la información climática que se dispone. Junto a las variables climáticas se suman los datos de pérdidas y daños históricos para diseñar medidas hechas a la medida de las necesidades.

Paso 2: Medidas a la medida

Costa Rica se encuentra ubicada en una de las regiones más expuestas y vulnerables a los eventos hidrometeorológicos extremos. Tormentas, inundaciones y sequías son eventos que nos afectan con mayor frecuencia e intensidad. Los informes de la Contraloría General de la República de Costa Rica revelaron que las pérdidas y daños directos asociados al clima se estimaron en USD$300 millones anuales. Recursos financieros que no estaban presupuestados por la Hacienda pública. La Tormenta Nate del 2017 demostró que la degradación ambiental, el mal ordenamiento territorial y los factores sociales potenciaban los efectos del desastre. Tomando en cuenta dichos elementos, en los últimos años, la Dirección de Cambio Climático de Costa Rica apoyó al 46% del territorio nacional para integrar las variables de adaptación en su planificación local.  Con el apoyo del Instituto Meteorológico Nacional, la Comisión de Emergencias y las universidades públicas, se analizaron las principales amenazas asociadas al clima en 20 cantones. Diversos actores locales fueron protagonistas de estos procesos de planificación para la adaptación cantonal. Representantes de diversos grupos sociales aportaron sus visiones y necesidades. En el proceso, se identificaron oportunidades para integrar sus medidas de adaptación en otros instrumentos de gestión territorial. Por ejemplo: los planes de desarrollo humano local, políticas ambientales cantonales, estrategias de ordenamiento territorial y planes estratégicos municipales. Se priorizaron acciones para minimizar los impactos negativos en el futuro. La memoria histórica de las comunidades indígenas, las poblaciones afrodescendientes y la participación e inclusión de las poblaciones históricamente excluidas, ayudó a que la formulación de las intervenciones fuera una medida hecha a la de su necesidad. La finalidad de la planificación local participativa es garantizar la continuidad de los servicios públicos como condición necesaria para la resiliencia de las comunidades y los ecosistemas. El cambio climático y la sostenibilidad tienen rostro de mujer y de juventudes.

Paso 3: Transparencia y MRV (Monitoreo, Reporte y Verificación)

Costa Rica no tiene responsabilidades históricas, pero es parte de la solución. Somos parte de la solución cuando medimos la efectividad y pertinencia de nuestras intervenciones públicas. Cada intervención debe demostrar su aporte a la reducción de pérdidas y daños asociados al clima. Cada acción financiada, debe apoyar a la reducción de la exposición de los más vulnerables de la sociedad. Asumir responsablemente los compromisos derivados del Acuerdo de París, requiere de transparencia y una robusta planificación local que facilite a los sistemas humanos y naturales salir fortalecidos ante una adversidad. Para esto, es preciso fomentar la transparencia y las acciones de adaptación tempranas y proactivas. Las comunidades que fueron azotadas por un evento climático tienen la oportunidad de recuperarse y gestionar su adaptación por medio de sistemas de monitoreo, evaluación y aprendizaje. Estos sistemas de transparencia van de la mano de mejores servicios climáticos y mejores capacidades para utilizarlos. Sistemas de verificación permiten rendir cuentas y dar seguimiento a los resultados de los ajustes y respuestas. Sistemas de reporte y monitoreo que contribuyen en la formulación de políticas, programas y proyectos. Los marcos de transparencia deben servir para promover el uso de la información climática en la toma de decisiones. Es fundamental invertir en los Institutos Meteorológicos y en sus direcciones de la calidad del dato climático. Las acciones tempranas salen más baratas que hacer las transformaciones tardíamente. Hacerlo contribuye al rendimiento económico de las empresas y a la continuidad de los servicios públicos. La organización climática de los territorios es una medida de adaptación que permite crear las condiciones de resiliencia de las comunidades.

Autor: Por MSc. Iván Alonso Delgado-Pitti, Director de Cambio Climático, Ministerio de Ambiente y Energía, Costa Rica.

Este capítulo forma parte del Informe Anual de Cambio Climático 2023, oportunidad para América Latina co-desarrollado entre Fundación Sustentabilidad Sin Fronteras (Argentina) y la ONG Uno.Cinco (Chile). Para descargar el informe completo seguí este link: https://bit.ly/InformeAnualCambioClimatico2023

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